12 octubre 2006

El modelo de funionamiento de las empresas no se adapta a los tiempos actuales.

Las empresas, como unidades básicas de la actual economía, funcionan de una manera más o menos similar desde un punto de vista social, desde cómo se conciben los roles de los actores empresarios, que describimos a continuación.

El dueño arriesga su capital

El dueño es quien toma el riesgo del capital, de la inversión.
Esta definición es válida para la gran empresa, donde el capital pueden ser acciones compradas por fondos de pensiones, o para una panadería, donde el dueño es quien toma el riesgo de pagar el alquiler del local, comprar los insumos y pagar a los empleados, como también el riesgo de la venta del producto que elabora.

El dueño es también quien recibe las utilidades, o quien sufre las pérdidas si el negocio no funciona. Arriesga lo que comprometió al crear la empresa, es decir el stock de capital que invirtió.

Los trabajadores venden su tiempo

Las otras personas que trabajan en una empresa lo hacen vinculadas por un contrato de trabajo, a través del cual le prestan servicio al dueño, al aportante del capital. El trabajador “vende” su tiempo, su hora-hombre.

Actualmente, en un modelo un poco más sofisticado como puede ser el de un proyecto de desarrollo informático, una empresa de auditoría, o en una obra de construcción, la hora-hombre se intenta medir por productividad, por proyecto, y no solamente librado a que las agujas del reloj vayan avanzando, como en el contrato de trabajo tradicional. Así surgen los bonos por avance, por proyecto terminado, modelos que buscan vincular costos laborales con producción.

De fondo, el modelo en uno u otro caso, sigue siendo el mismo, relacionado a “vender” tiempo, eventualmente asociado a lo que produce el trabajador en el tiempo.

Las visiones del dueño y de los trabajadores se contraponen

Difícilmente uno y otro de estos actores puedan compartir una “visión” sobre lo que están haciendo, en tanto el trabajador es para el dueño un “costo” que desearía evitar y por otra parte el dueño es habitualmente el culpable de las penas del trabajador, de su falta de crecimiento económico, o de coartar sus proyecciones en la vida.

Las empresas - los dueños- pueden crear matices a esta realidad haciendo programas de capacitación, de coaching, fomentando la creatividad, ofreciendo stock options, o siguiendo algún otro postulado del gurú de turno.

La realidad, después de quitar el color que da una esmalte, es que los intereses de uno y otro siguen siendo opuesto, y pretender alinearlos va en contra de la misma definición del “contrato laboral”

Postulado : Un nuevo modelo empresario

En los tiempos actuales, siendo el nuevo paradigma que el cambio es una constante y que la creatividad una necesidad, es obligatorio para cualquier empresa y para las personas que la componen, poner lo mejor de si para adaptarse a ese flujo de cambios, y a para ello debemos contar con un modelo empresario adecuado a las demandas de nuestro tiempo.

No podemos quedarnos en el modelo de arriesgar capital por el dueño y vender tiempo por el trabajador, y que ambos se perciban como adversarios.
El riesgo de fracaso de la empresa bajo ese modelo es demasiado alto para la tolerancia al stress que tenemos los seres humanos.
Y vivir con ese riesgo todos los días debiera ser evitable.

Generar un nuevo modelo de empresa, basado en una forma de vínculo diferente entre las personas que la componen, entre el dueño y los trabajadores, es el objetivo de este debate.
Y esto bajo la premisa principal que las personas que están en uno y otro rol debieran poder compartir su vida y su interés por crecer en la vida social y económica colaborando uno con el otro, y no sólo como adversarios.

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